Ósmosis inversa (RO)
La ósmosis inversa es la última barrera de una línea de reutilización: bajo presión, el agua atraviesa una membrana semipermeable mientras las sales disueltas, la DQO residual y la dureza se concentran en el rechazo. Es lo que permite devolver un agua residual tratada a una caldera o a una torre de refrigeración.
Qué decide el resultado
Qué entra en la membrana
Los aceites y grasas forman una película irreversible; los sólidos taponan los canales; la DQO alimenta el biofilm; la dureza y la sílice incrustan. Una línea de ósmosis inversa no se sostiene sola: se sostiene por lo que tiene delante.
La factura llega el segundo año
Un pretratamiento insuficiente no se ve en la puesta en marcha. Se ve en la primera sustitución de membranas, normalmente el segundo año, cuando el flujo ha caído y las limpiezas químicas se han multiplicado.
Tratar agua residual no es tratar agua limpia
Instalar ósmosis inversa en una red de agua potable es un ejercicio estándar. Instalarla a la salida de un efluente industrial cuya carga cambia tres veces al día es otra cosa. El equipo que dimensiona la reutilización debe conocer primero el agua residual.
Nuestra posición
GESU trata aguas residuales desde 1995 y es el mismo equipo el que diseña la línea de reutilización. Una sola responsabilidad, desde la reja hasta el permeado.
El rechazo, una pregunta desde el primer día
La ósmosis inversa no hace desaparecer las sales: las concentra. El destino del rechazo —vertido, evaporación, cristalización en ZLD— debe decidirse durante el diseño, no después de la puesta en marcha. Un proyecto de reutilización que no ha respondido a esa pregunta no está terminado.